Haiku en Aragón

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lunes, 14 de abril de 2014

Reseña de Puente de piedra por Carlos Blanc Portas


Se acaba de publicar "Puente de Piedra" (editorial Huerga y Fierro. Madrid, 2013). Si utilizáramos el lenguaje del cine diríamos que se trata de  "una producción hispano-japonesa", ya que reúne a un grupo de haijines aragoneses con otro de haijines de Ehime, una zona de Japón. Esta semana la dedicaremos a la primera autora española que figura en esta antología: Dolores Romero Lombardo.

Quiero comentar con un poco de detenimiento este primer haiku porque me permite tocar un tema importante con el que me gustaría atajar polémicas inútiles que se dan con frecuencia en el mundo del haiku: que el haiku hable de realidades y no de fantasías no quiere decir que el haiku no sea en el fondo un juego que se nos invita a jugar, aunque siempre (ésta es su característica) un juego de realidades.

En este haiku lo de menos es que los gorriones, entendidos como una especie del reino animal, sean o no capaces de esperar. O que tengamos que imaginarnos por qué, y qué,  puede estar esperando este gorrión concreto (probablemente la abuela le pone siempre miguitas de pan en el alféizar. También puede estar ahí por casualidad, descansando, y la poetisa creer que está esperando...). Sin embargo, lo importante aquí es que en la realidad de la poetisa surge una certeza: el gorrión está esperando. Y nos invita a compartir esta realidad como realidad, y no como fantasía.

Cuando los niños juegan con muñecos y les atribuyen dolor de barriga (el ejemplo es de un filósofo) no están fingiendo ni imaginando un dolor imposible en la realidad, sino que están viviendo como real el dolor de barriga de la muñeca. Ese es el juego en su verdadero sentido. Por eso los adultos somos incapaces de jugarlo: creemos saber demasiadas cosas, cuando lo que ocurre es que muchas veces, como decía El Principito, se nos escapa lo esencial (en nuestro ejemplo, lo esencial es que del dolor nadie sabe nada, como no sea el ser que lo siente y aquellos que deciden compartirlo con él).

Volviendo a nuestro haiku de hoy, lo importante es si aceptamos o no la realidad que la poetisa nos plantea. Y una cosa es seguro: si la aceptamos veremos cómo nuestra realidad (¡más que nuestra fantasía!) resultará enriquecida. Esta es la verdadera invitación que nos hace el haiku como género poético, este es el verdadero juego poético del haiku. Por su parte, el acierto del haiku estará siempre en saber presentarnos esa realidad como aceptable en cuanto realidad (no como fantasía del poeta).
Un gorrión

espera en la ventana.

La abuela no está.

Lola Romero Lombardo


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