ASOCIACIÓN ARAGONESA DEL HAIKU (ASARAKU)

Nuestro fin es contactar con los amantes del haiku en Aragón y dar difusión a su obra.

viernes, 13 de mayo de 2011

Escribir un buen haiku


Para escribir un buen haiku la primera condición es no tratar de hacerlo. Escribir haikus no pertenece al oficio literario sino a la cortesía debida hacia el mundo. Y esa cortesía exige ausencia de intención literaria. El poeta recibe un impacto de parte de la realidad y vibra bajo su efecto; durante esa vibración -vibración hasta musical- se concibe un haiku. No es el poeta el que escribe el haiku. Es el mundo el que escribe. Cuando el poeta quiere escribir un haiku, así tenga el talento de Kyoshi -tal vez el séptimo u octavo mejor haijin de Japón- fracasa. Un poeta con talento literario, a veces, puede olvidarse de que un haijin no es un experto en el uso de las palabras sino un individuo particularmente sensible al mundo.
Si queremos expresarnos en haiku, hablaremos sobre lo que nos rodea sólo cuando no tengamos un interés personal por hacerlo; cuando seamos obligados a ello por lo que quiera que sea que nos compela por dentro a hacerlo. El haiku no procede de un talento especial sino de una obligación moral que tenemos para con la existencia que nos sostiene. No puede ser consecuencia del oficio de escritor, de la necesidad de contar algo, del aburrimiento, de la pretensión de ser sensibles o de la formación literaria.
En este sentido, la iniciación en el haiku puede resultar decepcionante para algunos. Porque van a notar cómo paulatinamente sustituyen el sabor edulcorado de las cosas, que es a lo que estamos acostumbrados, por el auténtico sabor del mundo: mariposa, comida, ruido, silencio... No estamos acostumbrados al sabor de las cosas; lo que paladeamos del mundo es lo que nosotros mismos le añadimos para poder asimilarlo. Probar el mundo de verdad exige unas dosis incalculables de falta de pretensión, y nos obliga a una reestructuración radical de lo que somos en clave de modestia. Sin estas condiciones no hay haiku. Después de habernos entrenado en el haiku, a nosotros la realidad –lo que hay ahí fuera y sucede- nos produce un respeto imponente. (Tomado del blog de Vicente Haya, El alma del haiku)

1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo. Humildad.
    Creo que esa es la clave para acercarse al haiku. Humildad y confianza.
    El mundo es asombroso per se. Basta estar ahí para darse cuenta y manifestarlo. Sin ninguna pretensión.

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